Escritor

La trampa del narrador en primera persona

Hace unos años, escribí un relato para participar en el taller de Literautas “Móntame una escena”. Me gusta la idea de que los desconocidos opinen sobre mis escritos porque sé que van a ser sinceros, por eso me animé.

De las tres o cuatro personas que comentaron, sólo una se molestó en hacer una crítica argumentada que me hizo ver que unas frases sobraban (gracias, tenías razón). De las otras, una sugirió que añadiese un par de detalles. Es la que me hizo pensar en la trampa del narrador en primera persona porque cayó en ella. Al final del artículo, te contaré qué sucedió.

¿Qué significa narrar en primera persona?

Sé que conoces los tipos de narrador y, por lo tanto, al de primera persona, pero la pregunta no es si lo conoces, sino si sabes qué significa. No, no es lo mismo y aquí radica la trampa. Veamos la diferencia entre las dos cuestiones.

Quién es tu narrador

Sabes que tu narrador en primera persona es tu personaje protagonista. Sabes también, porque yo sé que tú lo sabes, que no es lo mismo que el narrador testigo, que es el que narra en primera persona, pero sin ser el prota.

Queda claro que este narrador en primera persona no es, en realidad, un narrador ajeno a la historia, no es una voz en off, sino que es un personaje.

Qué significa usar ese narrador

Incluso sabiendo quién es este narrador y su función en la historia, es fácil usarlo mal porque, principalmente los escritores principiantes, tienden a confundir narrador con escritor. Efectivamente, el escritor no es ni el narrador ni el personaje. Hala, venga, rizando el rizo.

El caso es que cuando el escritor se cree que él es el narrador, no habla su personaje, sino el propio escritor, y se nota. A ver, no confundamos, que si estás escribiendo tu autobiografía o un hecho que te ha sucedido a ti, pues oye, claro que tú eres escritor, narrador y personaje; un pack mu’ apañao. Sin embargo, en una historia de ficción, no es así.

Usar el narrador en primera persona significa que tú no narras la historia. La escribes, pero no la narras. Tú, como escritor, tienes que adaptarte al personaje, que es quien sí está narrando, y no al revés. Bueno, a decir verdad, el escritor siempre tiene que adaptarse a sus personajes, no sólo cuando son narradores.

Cómo adaptarse al personaje narrador

Si en una historia con narrador omnisciente, el escritor tiene que dar voz propia a los personajes en los diálogos, con un narrador en primera persona tiene que hacerlo en cada línea de la narración; desde la primera línea de la narración.

Para que me entiendas: tú, escritor, te limitas a transcribir lo que el personaje te dice y de la manera que te lo dice. Puedes hacerle preguntas para que te cuente más detalles, para que profundice en algunas escenas y sentimientos, pero quien cuenta la historia es el personaje. Tú sólo escribes lo que te dicta sin cambiar su tono, su propio estilo. Y esto, como autor, no es tan fácil como parece.

La trampa de ser el “escribiente” del personaje

Y aquí, en el proceso de limitarnos a escribir lo que nos dictan, es donde está la trampa porque nos cuesta no meter baza.

El personaje ha encontrado a un escritor para que escriba su historia, pero el escritor se empeña en contarla a su manera, en darle su propio estilo, en cambiar palabras. Es decir, quiere poner otro tono y vocabulario en boca del personaje y eso ¡no se debe hacer!

Sí, claro, por supuesto que tú vas a encargarte de que la gramática quede bien y de que la historia esté contada de manera que enganche al lector, como si fueses un corrector-editor, pero no como si fueses el protagonista que, además, es narrador.

Imagina que un amigo de veinte años, el que no acabó los estudios, ése que duerme hasta el mediodía, tiene malas amistades, no lee ni los envases de las cervezas, ese amigo te cuenta una fiesta y quiere que la escribas. Lo grabas para no perder detalle y, después, con calma, transcribes esa grabación. Si él dice «íbamos tan ciegos que ni nos coscamos de que ya era de día, chorvo», tú no puedes escribir «las horas pasaron fugaces, aunque no pudimos percibir el paso del tiempo debido al estado en que nos encontrábamos…». ¡No, mal, muy mal! Si lo cuenta él, lo cuenta él, no hay más. Y si no te gusta, pues no lo escribas, cambia el narrador, cambia a tu amigo o deja la profesión de escritor.

Ese amigo-personaje no sabe expresarse, no tiene suficiente vocabulario, habla como tiene que hablar, que es con lenguaje callejero, y dice “chorvo” porque habla Koruño. No es escritor ni lector, no intenta construir frases chachipirulis. En definitiva, no es tú. Si eso lo tienes claro, acepta ahora esta verdad: tú no eres él, por eso no puedes darle tu voz y tienes que respetar la suya.

¿Sabes por qué la narración en primera persona de «El color púrpura» funciona? Porque el lenguaje pertenece al personaje y evoluciona con él. La escritora ha sabido engañarnos para hacernos creer que ese diario está escrito/pensado por alguien sin educación. Pasa lo mismo con «Un paso en falso», de Sofie Laguna, que nos mete en la mente atormentada de una niña dejando que esa niña nos hable de la manera caótica que ella habla. La escritora no aparece en ningún momento.

Ahora ya conoces la trampa; no caigas en ella.

Qué pasó con mi relato

Puedes leer aquí «Surtidores de recuerdos», para que te hagas una idea de lo que te he hablado todo el rato.

El comentario, entiendo que con buena intención, no sugería cambios, no decía “esto no se entiende” o esas cosas que aportan algo. Sólo me proponía añadir un par de detalles que ella habría incluido.

Una de esas sugerencias no tuvo sentido para mí desde el primer momento, pero eso no importa ahora. La otra sugerencia me decía que podía añadir que el “coche era verde como los ojos verde aceituna de mi madre”, aunque la frase sonaba más elaborada, rimbombante. Me chirriaba, pero no sabía por qué. No encajaba, pero no encontraba el motivo, así que me tomé unos días para responder.

Cuando, al fin, di con la respuesta, le di las gracias por su comentario y le expliqué que no podía añadir ese detalle porque mi protagonista -que es también la narradora- no es escritora, no piensa con frases elaboradas, está repostando en una gasolinera y recuerda algo de su infancia como lo haría cualquier persona, de una manera sencilla.

Ahí aprendí la trampa del narrador en primera persona.

¿Has usado este tipo de narrador? ¿Te ha costado adaptarte al personaje, a su manera de hablar?

8 comentarios en “La trampa del narrador en primera persona”

  1. ¡Muy interesante y una trampa en la que caemos muchos!

    Como curiosidad también ocurre que esta trampa puede funcionar al contrario y que los lectores se confundan y te atribuyan a ti, como autor, palabras e ideas que ha dicho tu narrador.

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  2. Me ha hecho pensar el artículo cuántas veces he querido forzar a alguno de mis personajes a hablar como el escritor. Es este un error frecuente del que pocos se escapan. Si no me crees, toma ajgunos relatoe y leélos con ojo crítico y lo descubrirás.

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    1. Gracias por leer y comentar.

      Mientras escribía el artículo, pensaba en mis propios relatos. Me he dado cuenta de que era yo haciendo el papel de las protagonistas, en lugar de ser ajena a ellas. Tal vez ha sido porque he escrito cosas muy cercanas a mí o que son parte de mí.

      Tendré que escribir un relato en primera persona, pero con un personaje que no se parezca en nada a mí, para salir de mi zona de confort.

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  3. Un asunto realmente complejo, Isabel. Estoy de acuerdo en que es un error muy común, pero difícilmente evitable. De cualquier modo, es importante tener en mente lo que comentas a la hora de narrar en primera persona. En nuestro afán de hacer literatura, podemos cagarla con las palabras o pensamientos que atribuimos a nuestros personajes. Gracias por el artículo.

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