Relatos

Del amor al odio

Dicen que del amor al odio sólo hay un paso, pero no es cierto. Entre el amor y el odio está la decepción. Y el dolor, mucho dolor. Es tan intenso que podemos sentir físicamente cómo nuestro frágil corazón se resquebraja. Entonces, surgen las lágrimas y la confusión con sus mil porqués. Nos falta el aire, nuestra mente no puede pensar, notamos una opresión en el pecho. Y siguen los porqués.

Cuando alguien a quien amamos profunda e incondicionalmente nos traiciona, no lo odiamos de repente; de hecho, puede que nunca lleguemos a odiarlo. Primero nos hundimos, lloramos sin consuelo, intentamos asimilar lo que nos está pasando y por qué nos está pasando. Hay, incluso, quien pretende fingir que es tan fuerte que no siente nada, pero eso no es posible, es sólo una fachada construida para intentar evitar el dolor. Si hemos entregado todo nuestro amor a otra persona, su traición nos va a doler; no nos quedaremos indiferentes por mucho que lo intentemos.

La decepción. Es un sentimiento inútil pero inevitable. Es inútil porque no sabemos cómo manejarlo, porque es confuso. Cuando depositamos toda nuestra confianza en alguien y nos decepciona, muchas veces no sabemos si estamos dolidos, tristes, enfadados, una mezcla de todo. Necesitamos tiempo para aclarar nuestras ideas, para ordenar ese batiburrillo de sentimientos. Pero mientras gestionamos todo eso ¿qué hacemos? Sufrir, llorar, llorar, sufrir, sobrevivir. De vez en cuando, nos esforzamos por seguir sintiendo los latidos de nuestro corazón; parece que se para, cansado por la lucha de intentar seguir adelante a pesar del puñal que lleva clavado y que se quedará ahí para siempre. El vacío que sentimos en nuestro pecho es tan grande que podemos notar, literalmente, que el corazón se nos cae a pedazos. Y no podemos hacer nada por recomponerlo.

La tristeza envuelve todo nuestro cuerpo. Es una pesada capa que hunde nuestros hombros fingiendo cuidarnos. Queremos pensar en otras cosas, pero la traición sigue ahí, golpeándonos fuerte para que no la olvidemos, exigiendo protagonismo, obligándonos a llevarla con nosotros cada minuto del día. Se cuela en nuestros sueños para atormentarnos también de noche. Y nos despertamos cansados, deseando que todo acabe de una vez porque necesitamos razonar. Debemos tomar una decisión: perdonar y dar otra oportunidad al traidor o perdonar y romper la relación. Nunca olvidar, nunca guardar rencor, nunca llegar al odio. Cualquier opción va a ser difícil, pero es el primer paso para poder pasar página de una manera mentalmente sana. Sin embargo, hasta que ese momento llega… Hasta que ese momento llega nos vamos muriendo poco a poco.

Cuando alguien a quien hemos dedicado nuestra vida entera nos engaña, tan sólo queremos aislarnos del mundo, tumbarnos, llorar hasta que hayamos echado fuera todo el dolor. Queremos que nos dejen en paz, que el silencio nos arrope. Si pudiésemos quitarnos el corazón para que deje dolernos por dentro. Pero ahí sigue, latiendo a duras penas, sintiendo todavía ese gran amor que nos esforzamos por esconder. Porque los sentimientos no se pueden cambiar de un día para otro y, aunque queramos dejar de amar al traidor, la decepción se aferra al amor, a las mentiras, a cualquier cosa que nos haga sentir que no nos han traicionado; queremos encontrar una explicación, aunque sepamos que no la hay.

No, lamentablemente del amor al odio no hay un paso. Hay demasiado sufrimiento en el medio. Tan sólo podemos esperar a que el tiempo pase y lo cure, pero el tiempo se lo toma con tranquilidad. Y, mientras tanto, seguimos soportando ese inmenso dolor que rodea y aprisiona nuestro corazón con fuerza; seguimos hundidos, llorando, sintiendo que nos falta el aire y la vida. Porque cuando esa persona a la que tanto amamos nos traiciona, ha pisoteado nuestra confianza, ha roto una parte de nosotros y eso no se recupera jamás.

3 comentarios en “Del amor al odio”

  1. Se ve que has pasado por ese trance, ya que lo describes con una crudeza tan real que de otro modo sería imposible hacerlo, o tal vez eres una genial escritora, que no lo dudo, por lo que voy viendo en tu espacio, que por cierto me encanta.
    Ahí psicólogos y personas que hablan del perdón, que es lo bueno para que uno mismo pueda estar bien.
    Yo no sé cómo se hace eso, para mi no hay nada peor que me mientan o me traicionen, ya no en el sentido infidelidad, es una mentira de alguien en quien confío, de alguien a quien quiero, para mi ya se pierde todo.
    Esa persona se cae, perdón o no, no lo sé, pero para mi aunque la ame, pierde el valor y el amor muere.
    Genial tu entrada como todas Isabel.
    Un abrazo⚘

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    1. Muchísimas gracias. Lo escribí hace unos años y así es como me sentía. Cada uno puede interpretarlo como quiera (pareja, amigos, hijos…) porque de todos podemos recibir una traición. La confianza ya nunca vuelve a ser la misma y el miedo a ser traicionados otra vez se queda para siempre.

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