Relatos

Amarga y feliz victoria

Se marchó. Después de mucho tiempo luchando por su relación, se marchó. No hubo enfados, ni lágrimas, ni explicaciones. Sencillamente, cogió sus recuerdos, sus pedazos, los puso alejados del corazón para que no doliesen más y emprendió el camino. Siempre había pensado que cuando llegase ese momento iba a estar confusa y triste; se sorprendió al comprobar que sólo la tristeza aparecía. No había confusión, ni siquiera había preguntas porque, en el fondo, ella siempre había sabido lo que estaba pasando y lo que tenía que pasar.

Después de unas horas pensando en lo que había ocurrido, se sintió mejor, más ligera de emociones, con menos peso en el alma y una mente más libre. Ahora, por fin, sabía lo que tenía que hacer. No iba a gastar ni un trocito más de corazón en alguien que no lo merecía. Si él no sabía apreciarla, ella no iba a obligarle. No tiene sentido empeñarse en saciar la sed donde ya no queda agua.

Tener las cosas claras después de tanto tiempo era un gran alivio. Poder decirse a sí misma “se acabó” fue un triunfo y lo gritó en voz alta para escucharlo y creérselo. No era el final por el que ella había luchado, pero estaba en su lista de posibles finales y, por eso, estaba preparada para asumirlo y afrontarlo. A veces, lo importante no es cómo acaba algo, sino que acabe.

Se sentó al sol durante un buen rato, cerró los ojos y sonrió. Saber la verdad le daba tranquilidad. Lo importante para ella era que las mentiras habían sido descubiertas, aunque no se lo dijese a él. Pero,  pensándolo bien, no eran mentiras sino secretos. Ahora, la mejor manera de evitar las mentiras era no preguntar por los secretos. No necesitaba respuestas, al menos, no las de él. El simple hecho de saber que sus sospechas eran ciertas, de tener la prueba, era suficiente para mantener la sonrisa en su rostro.

Sí, poder deshacerse de algunos sentimientos, de las dudas, saber con certeza que ya no merecía la pena seguir luchando, le daba paz interior. Por fin, después de tanto tiempo, tenía claro cuál era su lugar en la relación. Se podría pensar que no era un final feliz después de todo el esfuerzo que ella había hecho. Tendría que ser diferente, con él amándola otra vez, siendo la única en sus pensamientos… Pero eso no iba a suceder y ella lo supo siempre, así que su victoria era confirmar que él no había cambiado y que todo seguía igual. Si ella se lo dijese, él lo negaría, por supuesto, así que mejor callar y sonreír. Todo había acabado ya y eso era lo principal.

¿Por qué algunas personas no valoran lo que tienen? ¿Por qué se acomodan tanto en una relación pensando que nunca va a terminar? ¿Por qué se creen con derecho a poner sus caprichos por encima de los sentimientos de su pareja? Es cierto, dije que ella no se hacía preguntas, pero algunos porqués eran inevitables, aunque no pensó mucho en ellos.

Siguió con los ojos cerrados bajo el sol, sonriendo, disfrutando de un nuevo principio después de un triste pero esperado final. Tras su marcha, él la echó de menos y lloró por no haber sabido retenerla. Aprendió a valorar lo que se ha perdido; demasiado tarde.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s